No digas que no te avisé. Cuando oras por tu esposo, especialmente con la esperanza de que él cambie, con seguridad puedes esperar algunos cambios. Pero los primeros cambios no serán en él sino en ti. Si esto te enoja, como me pasó a mi, tú dirás. ¡Un momento! ¡Yo no soy la que necesita cambiar aquí! Pero Dios ve cosas que nosotros no vemos. Él conoce dónde
tenemos que mejorar.
Él no tiene que buscar por mucho tiempo para descubrir actitudes y
hábitos que están fuera de su perfecta voluntada para nosotros. Él quiere que nosotras no pequemos en nuestros corazones, porque el pecado nos separa de Él y no recibimos respuesta a nuestras oraciones.
“Si en mi corazón hubiera abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado” (Salvo 66:18).
Dios desea que nuestros corazones estén bien para que las respuestas a nuestras oraciones no sean comprometidas.
Este requisito es difícil cuando sientes que tu esposo ha pecado contra ti con falta de amabilidad, falta de respeto, indiferencia, irresponsabilidad, infidelidad, abandono, crueldad, o abuso.
Pero Dios considera los pecados de falta de perdón, enojo, odio, autocompasión, falta de amor y venganza tan malos como cualquier otro. Confiésalos y pídele a Dios que te libre de cualquier cosa que no sea de Él.
Uno de los mejores regalos que puedes dar a tu esposo es tenerte a ti por completo. La herramienta más efectiva para transformarlo puede que sea tu propia transformación.
No te preocupes, yo luché con todo esto también. De hecho cada vez que mi esposo y yo llegábamos a un callejón sin salida, Dios y yo conversábamos más o menos de esta manera.
Yo¿Ves como es él, Señor?
Dios ¿Ves como tú eres?
Yo Señor, ¿te refieres que hay cosas que quieres cambiar en mi?
Dios Muchas cosas, ¿Estás dispuesta a escucharlas?
Yo Bueno, supongo
Dios Dime cuando estés en realidad dispuesta
Yo ¿por qué yo, Dios? Él es el que necesita cambiar
Dios El punto no es quien necesita cambiar. El punto es quien está dispuesto a cambiar.
Yo Pero Dios, esto no es justo
Dios Yo nunca dije que la vida es justa, dije que yo soy justo.
Yo Pero yo…
Dios Alguien tiene que estar dispuesto a comenzar
Yo Pero…
Dios ¿Cuán importante es conservar tu matrimonio?
Yo Muy importante. Las otras opciones no son aceptables?
Dios He dicho. Comencemos cambiándote a ti.
Yo Ayúdame a tener una buena actitud en cuanto a esto, Señor
Dios eso depende de ti yo ¿Tengo que orar por mi esposo aunque él no lo esté haciendo por mi?
Dios Precisamente
Yo pero eso no es… está bien, está bien, ya recuerdo. La vida no es justa. ¡Tú eres justo!
Dios (Silencio. Él está asistiendo con la cabeza desde el cielo)
Yo “Me rindo. Comienza. ¡Ay, esto va ser doloroso! Ca..cambia…no puedo creer que estoy diciendo esto”
(Profundo suspiro) Cámbiame Señor.
¿Doloroso? ¡Sí! El morir a uno mismo siempre es doloroso. Es especial cuando estás convencida de que la otra persona necesita cambar más que tú. Pero este tipo de dolor te lleva la vida. La otra opción es igual de doloraza y su final es la muerte de un sueño, una relación,
un matrimonio y una familia.
Dios puede resucitar un matrimonio que está muerto, pero requiere que nosotras nos humillemos ante Él y que deseemos vivir a su manera: perdonando, siendo bondadosas y dando amor. Significa dejar ir el pasado y todo el dolor asociado con éste y estar dispuestas a perder la discusión para poder ganar la batalla.
No estoy diciendo que tienes que volverte una persona carente de personalidad, sentimientos o pensamientos propios, o permitir que tu esposo te azote a su antojo, (De hecho, si te encuentras en cualquier tipo de peligro físico o emocional, aléjate de inmediato de esa situación y ve a un lugar seguro donde puedas recibir ayuda. Tú puedes orar desde allí mientras él recibe la ayuda que necesita). La sumisión es
algo que ofreces de corazón, no algo que se demanda de ti. Jesús dijo. “El que encuentre su vida, la perderá y el que la pierda por mi causa, la encontrará” (Mateo 10:39) Pero entregar tu vida es algo que haces voluntariamente, no algo que se recibe de ti a la fuerza. Lo que estoy
diciendo es que tu actitud tiene que ser: “Lo que tú desees, Señor. Muéstramelo y yo lo haré”.
Significa estar dispuesta a morir al yo y decir: “Cámbiame Señor"